El perdón
El perdón: ¿debo o no debo perdonar a quien me hirió?
Cuando nos sentimos ofendidos o heridos por alguien, los sentimientos negativos nos secuestran.
El perdón es uno de los fenómenos más importantes en nuestras relaciones con los demás.
Todos nos hemos preguntado alguna vez si esa persona que nos ha hecho daño, intencionadamente o no, merece nuestro perdón.
Nos afecta, sobre todo, cuando las faltas a perdonar vienen de personas cercanas a nosotros, como familiares, amigos o pareja, relaciones en las que la existencia o no del perdón puede perjudicar significativamente nuestra calidad de vida (y la de los demás).
Pedir perdón cuando no has hecho nada malo envía el mensaje de que tu comportamiento, tus necesidades o tus opiniones son inherentemente incorrectos.
Desgasta tu autoestima, puede alterar el equilibrio de poder en tus relaciones y te quita responsabilidad sobre tus propias acciones.
Disculparse en exceso suele ser un mecanismo aprendido para evitar conflictos, pero trae consecuencias negativas:
Minimiza tu valor: Al disculparte por existir o por expresar opiniones legítimas, reduces tu propia autoridad y presencia.
Distorsiona la realidad: Asumes una culpa que no te corresponde, lo que a menudo permite que otros eviten su propia responsabilidad en los problemas.
Disfraza la inseguridad: Puede comunicar una falta de confianza interna y una necesidad de complacer a los demás a toda costa.
Alternativas saludables
En lugar de decir «lo siento», puedes validar la situación sin asumir la culpa:
Para mostrar empatía sin culparte: «Lamento que te sientas así» o «Entiendo que esta situación sea frustrante»
Para expresar una diferencia de opinión: «Veo las cosas de otra manera, pero respeto tu postura».
Ahora bien, ¿significa perdonar a alguien reconciliarnos con ella?
El perdón, ¿debo o no debo perdonar?
Es cierto que el perdón favorece a que se produzca una reconciliación pero esta no es estrictamente necesaria, de hecho podemos estar en una relación donde no haya perdón y simplemente se haya “olvidado” un hecho doloroso o bien perdonar a alguien con quien ya no tenemos ningún contacto.
El acto de perdonar en sí, es más bien un proceso y se da a medida que pasa el tiempo.
Bien, los científicos están de acuerdo en que perdonar implica que la persona ofendida reconoce que aquello que le han hecho, no está bien y aunque sabe que la situación puede no estar justificada y la persona que le ha causado el daño no merece ser perdonada, toma la decisión de hacerlo.
Gordon y Baucon señalan que perdón no significa tener sentimientos positivos de compasión, empatía ni amor hacia quien nos ha herido, pues puede ser “un acto egoísta” que se hace hacia uno mismo, con el fin de disminuir las emociones negativas ésta que le causa.
A más a más, la decisión de perdonar no exime de pedir justicia y reclamar aquello que no creemos justo, siempre y cuando no actuemos sólo de forma vengativa.
“Aferrarse a la ira es como aferrarse a una brasa candente con la intención de tirársela a otro; tú eres el que se quema.”
—Buda
El perdón se experimenta a nivel individual, hay un cambio en la conducta, el pensamiento y las emociones de quien lo sufre pero a la vez se puede considerar interpersonal ya que se da en una situación concreta y con unos roles específicos: ofensor-ofendido.
Cómo pedir perdón:
Aprender a disculparse ante alguien querido o en una relación formal puede marcar la diferencia.
Saber cómo pedir perdón cuando el momento lo requiere es una de esas habilidades que, por sencillas que parezcan, marcan la diferencia en las relaciones personales.
Y es que hay gente que experimenta serios problemas a la hora de disculparse, incluso aunque la otra persona sea alguien querido con quien se tiene confianza.
Pero, al igual que ocurre con muchas otras capacidades, es posible aprender cómo pedir perdón a alguien querido o incluso a alguien con quien se tiene una relación más formal o profesional.
Para aprender a pedir disculpas hay que modificar ciertos hábitos y creencias relacionadas con la autoimagen y con las expectativas acerca de cómo deben ser las relaciones sociales.
Veámoslo en profundidad.
1. Interioriza la idea de que nadie es perfecto
Muchas personas que experimentan dificultades a la hora de disculparse en realidad tienen unas expectativas poco realistas acerca de cómo deben ser percibidas por los demás.
Concretamente, son excesivamente perfeccionistas, y sienten un rechazo a la idea de pedir perdón porque ven esto como una escenificación de su propio fracaso.
Es decir, una acción que, al ser vista por más personas, hace que algo subjetivo («tengo motivos para pedir perdón») quede objetivado.
Así, pedir perdón a alguien supone realizar un esfuerzo que, a la vez, contradice la propia autoimagen, muy idealizada.
Sin embargo, hay que tener claro que nadie es perfecto. Incluso las grandes figuras históricas, las más admiradas, vistas desde el presente están llenas de fallos, incluso errores que los niños de hoy día no cometerían.
2. Sal del bucle de autocrítica
Muchas personas empiezan a juzgarse a sí mismas con crueldad por no pedir perdón.
Sin embargo, esto es por un lado innecesario y poco razonable, y por el otro una excusa que justifica la ausencia de unas disculpas como es debido.
Es decir, se trata de una estrategia para purgar responsabilidades sin tener que pedir perdón y haciendo que todo quede «de puertas para adentro», sin que nadie más que uno mismo pueda beneficiarse de esto.
Por eso es importante reconocer esta rutina de pensamientos como lo que es: una excusa. Hay que romper con este ritual cognitivo.
3. Practica la aceptación del error
La aceptación del error es la actitud más madura Nadie puede escapar de las equivocaciones, tal y como hemos visto.
Por eso, es bueno que te acostumbres a realizar pequeños rituales de disculpa, aunque al principio tan solo sea pedir perdón por las pequeñas cosas del día a día.
El mismo hecho de hacer esto de manera repetida, aumentando progresivamente la importancia del contexto en el que pedimos disculpas, nos predispone a seguir haciéndolo de manera espontánea.
4. Entrena la empatía
Es crucial que dediques esfuerzos a empatizar, ponerte en el lugar de la otra persona cognitiva y emocionalmente. Lo cognitivo es todo aquello perteneciente o relativo al conocimiento y al procesamiento de información. Engloba las facultades mentales que permiten a los seres vivos recibir, procesar y elaborar información para comprender, adaptarse y desenvolverse en su entorno
Para ello, haz justamente eso: imagina que eres esa persona y que ves las cosas desde su punto de vista.
Si te acostumbras a hacer esto en momentos con una carga emocional significativa, poco a poco te costará menos empatizar de manera espontánea.
5. Concéntrate en detectar las molestias causadas
Quien se propone pedir perdón pero no lo consigue, seguramente tampoco ve la magnitud de los daños y molestias que ha causado.
De algún modo, el propio orgullo es más importante que reconocerle a la otra persona que está en una situación injusta.
Es por eso que hay que pararse a reflexionar acerca del daño que se ha hecho; no solo en lo más superficial y aparente, sino también en los detalles y efectos indirectos que nuestras acciones han causado.
Por ejemplo, llegar muy tarde a una reunión no solo implica pasar unos minutos de incomodidad esperando; también implica perder parte del día, o incluso quedar en una situación de vulnerabilidad .
6. Haz un guion sencillo
Las primeras veces que intentes pedir perdón esforzándote por que todo salga como es debido, es posible que experimentes un grado relativamente alto de ansiedad.
Este estado de activación puede hacer que caigas en un patrón de comportamiento algo caótico y desorganizado.
Es por eso que lo mejor es realizar un pequeño guión acerca de lo que tienes que decir y hacer.
Eso sí, debe ser muy sencillo y breve, con dos o tres ideas de una línea, y nada más.
Si te escribes literalmente todo lo que quieres decir, es posible que esto te genere aún más estrés, ya que acordarte de todo es un trabajo extra que en realidad no tienes por qué hacer.
Simplemente, recuerda las ideas que estructuran tu disculpa y exprésalas tal y como te salgan en el momento.
Seguramente no te saldrá perfecto, pero esto es normal.
7. Observa lo que ocurre
Ver cómo reacciona la otra persona después de que nos hayamos disculpado es, aunque no lo parezca, la parte más importante del proceso de aprender a decir perdón.
El motivo es que en realidad esto no es algo que hagamos para nosotros, sino para la otra persona.
Por eso su punto de vista nos ayudará a limar las imperfecciones de nuestra forma de comunicarnos y nos permitirá ayudar al otro en lo que necesite en ese momento para sentirse mejor.
Los procesos asociados al perdón
En los últimos 20 años ha habido un creciente interés en el estudio del perdón en Psicología con el fin de abordar dos procesos:
Por un lado, el perdón aspecto clave en la recuperación de heridas emocionales, como el caso de la infidelidad en la pareja, en que la persona engañada puede sentirse traicionada por su cónyuge..
Cómo evidencia en la asociación en numerosos estudios entre el perdón y la salud, tanto física como mental.
Tipos de perdón
Desde el enfoque de quien se ha sentido herido en relaciones cercanas y más cotidianas, podemos encontrar tres tipos de perdón:
El perdón episódico: relacionado con una ofensa particular dentro de una situación concreta.
El perdón diádico: la propensión de perdonar dentro de una relación, como puede ser una pareja o una familia.
El perdón disposicional: rasgo de la personalidad de una persona, su disposición a perdonar a medida que pasa el tiempo y a través de diferentes situaciones.
Estos tres elementos influyen conjuntamente sobre nuestra capacidad para perdonar y en el modo en el que decidimos perdonar.
Posturas respecto al perdón
Existen tres posturas respecto al perdón, las cuales nos predisponen de una u otra manera a la hora de intentar responder a la pregunta de cómo perdonar. Estas son las siguientes:
La primera posición y la más extendida. Percibe el perdón cómo esencial para la curación de heridas emocionales y resalta lo beneficioso que es para la salud, física y mental.
Resulta muy útil para el tratamiento de sentimientos de ansiedad y rabia además de una herramienta clínica muy eficaz para personas con estrés postraumático.
Se le atribuyen valores de compasión y humildad.
La segunda postura tiene una visión diferente del perdón respecto la primera. Considera que en algunos casos no perdonar resulta también beneficioso, ya que no hacerlo puede ser perjudicial para quien perdona y puede poner en riesgo colectivos que están en situación de vulnerabilidad como puede ser el caso de los abusos o maltratos.
Los valores que sostienen son equidad, justicia y empoderamiento.
La tercera postura se encuentra a nivel intermedio de las dos anteriores. Pone énfasis en el contexto en el que se da el perdón y por tanto habría que valorar cada situación.
La decisión de perdonar o no está en quien se ha sentido ofendido, y se puede introducir a nivel terapéutico siempre y cuando el paciente lo decida libremente.
Por tanto de esta visión el perdón puede ser tanto positivo como negativo, dependiendo del contexto donde se produzcan los hechos.
Factores que influyen en el perdón
A fin de profundizar un poco más en el mundo del perdón se describen las principales características o variables que afectaran a la decisión final:
La exoneración: es un proceso interno en el cual la persona herida analiza y entiende con más profundidad la situación que le provoca un daño.
Características del que perdona: depende de si pensamos que la persona ha actuado para hacernos daño, o si bien pensamos que no lo ha hecho queriendo, cuando más benévolas percibamos las actuaciones del otro, hay más posibilidades de que accedamos a perdonarle.
Por otra parte, las personas que están dispuestas a perdonar, disponen de una mayor habilidad para controlar sus emociones, así como las personas con ansiedad o depresión les cuesta más perdonar.
Características de la ofensa: cuanto más grave se considere la misma, es menos probable que exista el perdón.
Características del ofensor: el hecho de reconocer los hechos humildemente y pedir disculpas de forma sincera favorece que aparezca el perdón.
Perdonarse a uno mismo
El perdón puede estar enfocado hacia las relaciones con otras personas, pero también puede darse hacia uno mismo, es decir, hacia la autoimagen y el autoconcepto.
Saber gestionar exitosamente el perdón hacia uno mismo supone tener más o menos éxito a la hora de no vernos invadidos por el malestar que puede producir la culpa.
Si crees que necesitas perdonarte a ti mismo y a los demás para poder ser feliz, puede que te sea útil la filosofía hawaiana llamada Ho’oponopono.
Hoponopono (Ho’oponopono): la sanación a través del perdón
Una de las tradiciones que mejor entroncan con la psicología positiva.
El Hoponopono (también conocido con la escritura Ho’oponopono) es una filosofía de resolución de conflictos y de sanación espiritual fundamentada en el perdón, la reconciliación y el amor.
Hoponopono (Ho’oponopono): perdonarse a uno mismo
Sus orígenes se remontan a los primeros habitantes de la isla polinesia de Hawái, quienes solían practicar rituales de sanación basados en la filosofía Hoponopono.
En el siglo XX, Nalamaku Simeona adaptó las enseñanzas y técnicas ancestrales a los tiempos modernos y popularizó lo que actualmente entendemos como Hoponopono.
Aunque en las versiones antiguas de este arte de sanación la figura del sanador era instruida por sacerdotes, en la versión actual la acción recae en el propio individuo que desea ser sanado, por lo que podemos entender este arte espiritual como un método de auto-ayuda.
Práctica ancestral del Hoponopono
“Ho’oponopono” significa, en hawaiano, «corregir un error» o «poner las cosas en orden».
Su objetivo es liberar emociones negativas y memorias inconscientes mediante el perdón, la reconciliación y el amor propio, entendiendo que somos responsables de nuestras experiencias y percepciones.
Algo así como higiene mental: asambleas familiares donde las relaciones se encauzan y equilibran a través de las palabras, la discusión, la confesión, la compensación, el arrepentimiento, la comprensión sincera hacia los demás, el perdón y, en definitiva, el amor.
Mientras que la partícula “ho’o” es un prefijo que convierte un sustantivo en verbo, el sustantivo “pono” puede definirse como “bondad, moralidad, corrección, virtud, justo, ético…”.
De este modo, “ponopono” significa “reconducir, corregir, reordenar…”.
Una de los investigadoras más destacados sobre tradición hawaiana, Mary Pukui, describió los primeros pasos del Hoponopono en la cultura polinesia como “una tradición familiar consistente en que los miembros de la familia se reunían con otros miembros lejanos de la misma familia y reconducían los problemas enquistados entre ellos, logrando perdonar y comprender al otro».
El Hoponopono era concebido como un método espiritual para restaurar las malas relaciones interpersonales que conducían a patologías y enfermedades del individuo, y por ende del grupo.
Se conseguía llegar al origen de los problemas, y se creía que esto mejoraba también las relaciones individuales y familiares con los dioses, quienes proveían de ciertos elementos esenciales para la paz espiritual.
Su objetivo es liberar memorias, emociones negativas y bloqueos subconscientes repitiendo cuatro frases clave que funcionan como un mantra:
Lo siento: Reconoces tu responsabilidad ante una situación, sin culpa.
Perdóname: Pides liberación y sanación.
Te amo: Transmutas la energía bloqueada en amor incondicional.
Gracias: Confías en que el proceso de resolución está en marcha.
Puedes practicarlo en cualquier momento del día o durante una meditación.
Solo necesitas encontrar un lugar tranquilo, relajarte, respirar profundo y repetir estas frases mentalmente para liberar el estrés o el conflicto que te preocupa.
Sin duda, una filosofía que puede ayudarnos a comprendernos mejor y a estar más conectados con las personas que nos rodean.
