DESTINO
A menudo sentimos esa extraña sensación donde la casualidad, lo inesperado, va poniendo marcas en nuestro camino obligándonos a encauzar la vida en una dirección u otra.
Hay quien dice que son designios del destino, de esa fuerza que está por encima de nosotros y que nos empuja hacia una sucesión inevitable de acontecimientos, de los que no podemos escapar.
¿Casualidad o Causalidad?
Hoy quiero hablarte del destino.
¿Existe?
¿Lo que te va a pasar ya está escrito?
La respuesta es incómoda: sí y no.
Sí, tu destino está escrito cuando ignoras.
Porque lo que ignoras será tu destino.
Si ignoras cómo cuidar una relación, tu destino será tener problemas con las personas.
No sé cuándo. No sé con quién. Pero pasará.
Si ignoras cómo poner límites, tu destino será que alguien abuse de ti.
No sé quién. No sé en qué momento.
Pero pasará.
Si ignoras cómo escuchar tu cuerpo, tu destino será forzarte hasta que el cuerpo te pare.
No sé cómo.
Pero pasará.
Esto no es magia.
Ni castigo divino.
Ni mala suerte.
Es ignorancia produciendo consecuencias.
Y, visto así, una parte del futuro es perfectamente previsible.
No sabemos los detalles. Pero sí la dirección.
La ignorancia no es gratis. Tiene un coste.
Y muchas veces ese precio parece “destino”.
Pero ahora viene la buena noticia:
tu destino cambia cuando aprendes.
Cuando aprendes a cuidar las relaciones, las relaciones dejan de romperse de la misma manera.
Cuando aprendes a poner límites, muchos abusos desaparecen.
Cuando aprendes a escucharte, dejas de necesitar que la vida te pare a golpes.
Por tanto, tu destino está escrito…
mientras no aprendes.
Pero deja de estar escrito cuando decides mirar, comprender y actuar de otra manera.
Por eso te propongo tres preguntas para esta semana:
¿Qué me pasa una y otra vez?
¿Qué me está mostrando que todavía ignoro?
¿Qué necesito aprender para no repetir este destino?
No las respondas deprisa.
Deja que trabajen dentro de ti.
Porque una pregunta meditada te ahorra años de sufrimiento.
En la escuela nos enseñan muchas cosas.
Pero casi nadie nos enseña a vivir.
A amar.
A poner límites.
A dejar de maltratarnos.
A gobernar nuestra mente.
A vivir con paz interior.
A mirarnos con amor.
Y esta ignorancia tiene consecuencias.
La buena noticia es que se puede superar.
Pero no dejes que la ignorancia siga escribiendo tu destino.
En la mayoría de las culturas occidentales y orientales se asocia al destino con la predestinación.
Maktoub (o Maktub) es una palabra árabe que significa «estaba escrito», refiriéndose a la idea de destino o predestinación,
Como Concepto:
- Significado: «Maktoub» es una expresión islámica y africana que significa que el destino está fijado y lo que sucede es porque así fue decretado.
- Uso Cultural: Se usa para aceptar eventos, sean buenos o malos, como parte de un plan mayor.
Maktub (مكتوب) es una palabra árabe que significa «estaba escrito» o «está escrito», y se usa para expresar la idea de que los eventos en la vida son predestinados, parte de un plan divino o destino, transmitiendo la aceptación serena de que lo que sucede, estaba destinado a suceder.
En resumen, cuando alguien dice «Maktub», está diciendo «Así tenía que ser» o «Estaba escrito en el destino
Ahora bien, dentro del tao del confucionismo, en el karma del hinduismo, o en el catolicismo, se ofrece cierto margen de sutil libertad, ahí donde cada uno de nosotros, tenemos la oportunidad de “poder elegir”.
Tanto si crees en un destino férreo al estilo calvinista o si enfocas la vida entendiendo que cada uno construye su destino en el día a día,
Algo que deberíamos entender es que no debemos focalizar nuestra vida en lo que el destino nos trae o nos deja de traer: pon tu atención en aquello que haces con lo que el destino te trae.
Y ahí está la auténtica clave: en atender esas pequeñas pistas que el día a día va tejiendo de forma laboriosa creando un manto que habrá de ser nuestro destino.
Porque en ocasiones, si no alzas la mirada a la vida, las oportunidades pasarán ante ti sin que sepas reconocerlas.
Es posible también que la rueda de nuestra existencia tenga preparada para nosotros ciertos momentos clave que no podemos cambiar.
No obstante, el juego de la vida reside en realidad en no “detenerse”, en no quedar encallado.
Es necesario avanzar cada día con los ojos abiertos y el corazón despierto, asumiendo fracasos, saltando obstáculos y obteniendo nuevas victorias, pero siempre con la ilusión encendida para no dejarse llevar sin más por el destino.
Aprende a crearlo, aprende a ser artífice del mundo que deseas vivir.
Escapar del destino o aprender del destino
El destino es como un reloj que tiene marcados sus ritmos, sus tiempos precisos.
A modo de reflexión, es que si la vida, si el destino nos ofrece una nueva oportunidad, tenemos la obligación de reconocer las señales. Algo que no es precisamente fácil, porque de algún modo, nos obliga a hacer un acto de lectura interna. De autoconocimiento.
Si bien es cierto que a día de hoy el tema del destino no tiene una respuesta sólida por parte de la ciencia,
no podemos dejar de pensar que podría ser una combinación de suerte, voluntades y casualidades encaminadas siempre hacia un propósito: buscar nuestra felicidad.
Desde el psicoanálisis podríamos ver el destino cómo algo que nosotros mismos construimos a raíz de una emoción contenida, de un trauma de la infancia, de una pulsión escondida que nos marca un determinado tipo de dirección y no otra.
El conductismo, por su parte, explicaría el destino como un acto que llevamos a cabo por un condicionamiento o bien de nuestro propio pasado, o bien, por conductas aprendidas más o menos adaptadas que también “nos determinan”.
La perspectiva cognitivista, por su parte, nos enseñaría esos procesos mentales que las personas llevamos a cabo para interpretar todo lo que vemos, y actuar en consecuencia a esos mecanismos internos.
En ocasiones, hay quien prefiere atribuir al destino todo lo que le ocurre, en lugar de afrontarlo. De tomar el control.
Hay muchas posibilidades de que algo en concreto ocurra de una manera y no de otra. Puede deberse a la suerte, a la casualidad o al destino. O como a mi me gusta llamarlo una causalidad.
La sincronicidad junguiana es el principio de coincidencias significativas donde eventos externos se alinean con estados psíquicos internos sin una relación causal directa, vinculados por el sentido o el significado para la persona, revelando una conexión acausal entre la psique y la materia, a menudo en momentos de gran carga emocional o transición.
No es mera casualidad, sino una conexión que sugiere una unidad subyacente del inconsciente colectivo y el mundo, como cuando un paciente sueña con un escarabajo dorado y uno de verdad entra por la ventana en ese momento.
Características clave
Principio Acausal: Los eventos no se relacionan por causa y efecto, sino por significado.
Conexión Psique-Materia: Un puente entre el mundo interior (psíquico) y el exterior (físico).
Significado Personal: Las coincidencias son profundamente significativas para el individuo, no aleatorias.
Manifestación de Arquetipos: Puede ser una manifestación de un arquetipo «constelado» (activado) del inconsciente colectivo.
Ejemplos famosos
El Escarabajo Dorado: Una paciente de Jung soñó con un escarabajo dorado, y justo cuando lo contaba, un escarabajo real (Cetonia aurata) entró en la habitación.
Descubrimientos Paralelos: Científicos (como Darwin y Wallace) que llegan a descubrimientos similares sin conexión directa, reflejando una «mente» colectiva.
¿Cuándo ocurre?
Suele manifestarse en momentos de gran afectividad, transición vital, crisis, o cuando una persona está en un punto crucial de su vida, haciendo que lo simbólico se vuelva real.
Ahora bien, queda claro que la forma en que nosotros mismos atendamos nuestra realidad, determinará que algo determinado haga acto de presencia o no.
Al final, todos estamos hechos de electrones, protones, quarks…
E incluso, es posible que lo que veamos ahora sea sólo una de muchísimas posibilidades.
Ahora bien, no debemos olvidar nunca que sea cual sea nuestro destino, sólo debemos fijarnos un camino: la felicidad.
El destino no hace visitas a domicilio
El destino, también llamado sino, hado o estrella, no hace visitas a domicilio.
Si queremos encontrarnos con él, hay que salir a buscarlo.
Porque aunque pensemos que la realidad está ahí para satisfacer nuestros deseos como por arte de magia, nuestros anhelos no se harán realidad hasta que no nos pongamos manos a la obra para cumplirlos. Incluso, a veces puede que esto no sea suficiente.
Me atrevo a decir que los mejores momentos de nuestra vida suelen ser aquellos en los que tomamos las riendas de nuestra vida, esos en los que actuamos bajo nuestras decisiones y en los que adquirimos de algún modo, el control de nuestro destino.
Porque en lugar de rezar al universo o esperar a que los planetas se alineen, es necesario que nos planteemos qué queremos conseguir y una vez que lo tengamos claro, ponernos manos a la obra para emprender el camino a nuestras metas. Propósito de vida.
El destino lo escribimos con nuestras decisiones
El destino lo creamos a cada paso que damos y con cada elección que hacemos.
No obstante, demasiada gente cree que simplemente con dejarse llevar y desear que algo suceda, se cumplirá. Por supuesto esto ayuda.
Pero desde mi perspectiva, la única manera en la que podremos tener lo que queremos es trabajando en ello.
La ley de la atracción hay que apoyarla con la ley de la acción
Por otro lado, algunos creen que cada persona viene a este mundo con un destino específico. Como se habla en los Registros Akasikos. Que puede ser, pero si no pones tu actitud de nada sirve.
Según esta idea, todos tenemos algo que cumplir, algún mensaje tiene que ser entregado o algunos trabajos tienen que ser completados.
De esta forma, no estaríamos aquí por accidente, habría un propósito para nuestra existencia.
Ahora bien, no es tan importante lo que creamos sobre nuestro fin, porque cada uno de nosotros tiene su propio destino, creado bajo los hilos de nuestras decisiones.
El único imperativo es seguirlo, luchar por él, aceptarlo. Cada uno de nosotros debe hacer lo que considera en cada momento de su vida.
-Steve Jobs- dijo:
“Tienes que confiar en algo: tu instinto, la vida, el karma, lo que sea. Esta perspectiva nunca me ha decepcionado, y ha marcado toda la diferencia en mi vida”.
Al cambiar tus pensamientos puedes cambiar tu destino
A veces, no podemos cambiar la realidad que nos rodea.
Pero lo que sí es posible es transformar nuestros pensamientos para manejar esa situación con otro enfoque, con otras perspectivas y nuevos ánimos. Tus pensamientos edifican tu calidad de vida.
Al cambiar tus pensamientos puedes cambiar tu destino
Nos lo dicen con frecuencia: si quieres mejorar tu vida aprende a pensar de manera diferente.
Suena bien, lo tenemos claro, pero ¿cómo se hace eso? ¿Mediante qué tipo de alquimia mental puedes cambiar tus pensamientos?
La verdad es que no es tan fácil, el cerebro no es como una habitación donde uno pueda, de un día para otro, quitar unos muebles para poner otros.
Todo nuestro universo psicológico es tremendamente resistente. Tampoco funciona de manera tan rápida eso que tantas veces nos recomiendan de «transforma tus pensamientos negativos en positivos».
Los esquemas mentales son profundos, rígidos y muy poco dados a la transformación espontánea por mucho que uno lo desee.
Todo ello requiere de un profundo trabajo por nuestra parte, de una delicada artesanía en la cual ir rompiendo patrones y desactivando enfoques mentales.
Por otro lado, hay algo que conviene entender primero: los pensamientos, por sí mismos, no tienen poder sobre nosotros.
En realidad, no son más que experiencias mentales fugaces que van y vienen.
Ahora bien, en ocasiones tendemos a reforzar unos por encima de otros, damos relevancia a una serie de ideas que no siempre nos benefician.
Es así como surge la ansiedad y así como se van edificando las depresiones.
Pensar bien es vivir bien.
Aprender a hacerlo supone caminar hacia un cambio notable en nuestra realidad inmediata, gracias al cual podremos experimentar por fin eso que tanto hemos echado en falta: el bienestar.
Cómo aprender a cambiar tus pensamientos
Fue Frederic Charles Bartlett, profesor de psicología experimental de la Universidad de Cambridge, quien sobre 1920 habló por primera vez sobre los esquemas de la mente y sobre algo que sería decisivo en terapia: el pensamiento y el recuerdo se pueden reconstruir.
Él formaba parte de lo que más tarde se definió como la «revolución cognitiva», un enfoque psicológico que ponía la atención en los procesos mentales de la persona.
Después, llegarían técnicas tan decisivas como la reestructuración cognitiva. Se trata de un proceso terapéutico en el cual deben identificarse pensamientos negativos e irracionales (distorsiones cognitivas) para después, confrontarlos.
Es un modo de sustituir esas creencias que nos supeditan al sufrimiento por otras más racionales, esas que nos permiten desarrollar todo nuestro potencial.
Ahora bien, tal y como señalábamos, ese viaje de transformación no es sencillo.
No puedes cambiar tus pensamientos de una semana para otra.
La mente humana es obstinada, no es fácil convencerla de que interprete determinadas cosas de otro modo, que sea capaz de ver la cara amable de la vida y no ese reverso en el que solo se contienen la preocupación y la negatividad.
Asimismo, tampoco podemos dejar de lado un hecho: emoción y pensamientos siempre van de la mano, se retroalimentan.
Es muy complicado decirle a la mente «tómate las cosas de otro modo y piensa en nuevas soluciones» cuando estamos atrapados por el miedo, por la angustia o la tristeza.
¿Qué podemos hacer en estos casos?
Los pensamientos son como el agua que fluye, párate
La mente deja correr los pensamientos de manera frenética. Es como un torrente de agua que fluye a toda velocidad.
No siempre somos conscientes de lo que ocurre en nuestro interior, por lo que puede ser como intentar coger agua entre las manos.
La estrategia que debes seguir para cambiar tus pensamientos es detectar, en primer lugar, cuáles son precisamente los que deben ser transformados.
Es decir, debes convertirte en un cazador de las ideas negativas e irracionales que contaminan el océano de tu universo psíquico.
Para ello, lo mejor es relajarnos, calmar la mente, coger un cuaderno y describir esos pensamientos que nos perturban.
Como en una sala del juicio: analízalos
Una vez detectados esos pensamientos negativos hay que llevarlos a la «sala del juicio».
¿Qué significa esto? Que tendremos un diálogo con nosotros mismos para pasar esas ideas por un filtro, uno donde preguntarnos:
“¿tiene lógica este pensamiento?”, “¿me sirve de algo?”, “Si me genera sufrimiento, ¿por qué lo estoy reforzando?”, “¿Qué es lo que debería hacer con él?”.
Cambiar tus pensamientos para transformar tu destino
El último paso es el más decisivo y también emocionante. Es aquí donde se eleva nuestro compromiso y responsabilidad con nosotros mismos.
Al fin y al cabo, el proceso para cambiar tus pensamientos requiere ponerte cara a cara contigo mismo para descubrir que llevas mucho tiempo saboteándote.
Es tomar conciencia de que has estado alimentando enfoques destinados a mermar tu autoestima y a limitarte oportunidades vitales que te hubieran permitido ser un poco más feliz.
No obstante, siempre estás a tiempo.
La última etapa en esta tarea implica reformular esas viejas y dañinas ideas por unas más limpias, optimistas, realistas y útiles.
Es desinfectar la negatividad para dejar paso a la esperanza.
Es cambiar el enfoque para descubrir de pronto que con esa variación el mundo cambia y también tú cambias.
Porque te sientes más libre, más seguro para tomar nuevas y mejores decisiones.
No dudemos, por tanto, en aprender a pensar mejor para vivir como merecemos.
Y esto si debe ser tu destino
Pero no dejes que la ignorancia siga escribiendo tu destino.
Un abrazo muy fuerte,
