La intuición
La intuición es esa voz suave que aparece antes que las explicaciones.
No grita ni intenta convencer, simplemente susurra.
Muchas veces la ignoramos porque no trae pruebas, solo una sensación difícil de explicar.
Sin embargo, cuando aprendemos a escucharla, descubrimos que guarda una sabiduría profunda nacida de nuestras experiencias, emociones y percepciones más sutiles.
Confiar en la intuición no significa dejar de pensar, sino permitir que la razón y el sentir caminen juntos.
A veces, una corazonada nos guía hacia decisiones que la lógica por sí sola no alcanzaría a comprender.
Es como una brújula interna que señala caminos cuando todo parece incierto.
Quizás el verdadero poder de la intuición está en recordarnos que dentro de nosotros ya existen muchas de las respuestas que buscamos afuera.
Solo necesitamos silencio, atención y valentía para escuchar esa pequeña voz interior.
Para Platón, la intuición era la función más alta de la inteligencia, una forma de obtener conocimiento que no se consigue con la observación ni la experiencia ni la deducción o la razón.
El primer estudio psicológico de la intuición se remonta al del psiquiatra suizo Carl Jung, quien propuso la dimensión de la intuición a la personalidad.
Argumentó que las personas que cuentan con este recurso son más propensas a dejar que sus propios pensamientos dominen su experiencia, en lugar de adoptar un enfoque “de abajo hacia arriba” de la vida, en el que los datos impulsan sus decisiones.
Así, dejan que sus propios pensamientos y sentimientos tomen el mando, mediante un enfoque más “de arriba hacia abajo”.
Corazonadas e intuiciones, revalorizando las razones del inconsciente
Hay infinidad de situaciones en nuestra vida que no están guiadas exclusivamente por la razón, pensemos, por ejemplo, en el por qué tendemos a fiarnos de unas personas más que de otras, pensemos en esas profesiones a quienes la presión obliga a tomar decisiones rápidas, en los artistas, a quienes tras temporadas de vacío ante la obra inacabada les llega de pronto la inspiración…
¿Qué hay? ¿Qué es lo que se esconde tras todas esas acciones que no están forzosamente ligadas a lo racional? ¿Son intuiciones, corazonadas quizá?
La importancia de lo inconsciente según nuevos estudios
Un grupo de neurólogos y psicólogos de las universidades de Yale, Princeton y Harvard, tales como John A. Bargh, están descubriendo una concepción nueva del inconsciente que otorga a las corazonadas un poder hasta ahora insospechado.
Procesos tales como las intuiciones, los pálpitos, barruntos… etc., están asociados al inconsciente, que es responsable no sólo de la mayoría de las decisiones que tomamos, sino también de todas aquellas decisiones que requieren cierta sofisticación o complejidad en los procesos cognitivos implicados.
El tema de las intuiciones es un campo de estudio con mucho peso del que todavía hemos de aprender muchas cosas, de hecho hace tiempo que se viene hablando de un concepto llamado «neuroeconomía», una corriente que sostiene la importancia de tomar decisiones económicas basándose en emociones y no sólo en cálculos, en claves intuitivas y no únicamente en informes, predicciones y análisis técnicos.
En el libro ‘Decisiones instintivas’ (Ariel, 2008), el psicólogo social Gerd Gigerenzer muestra diversos ejemplos de cómo lo instintivo va tomando más importancia frente a lo racional, en aquellas situaciones donde aparentemente todo debía estar perfectamente controlado. Y es que a veces el razonamiento paraliza.
Cuando manejamos demasiada información para tratar de asimilar una realidad, ésta tiende a mostrarse ininteligible a medida que se acumulan datos y más datos sobre ella.
Como dice la expresión popular, «los árboles no nos dejan ver el bosque».
¿Podemos confiar en nuestros pálpitos en nuestra intuición?
Los utilizamos continuamente, pensemos por ejemplo, en esas actividades que iniciamos convencidos sin saber por qué de que vamos a tener éxito y luego terminan siendo muy gratificantes.
¿Debemos pues hacer más caso al capricho de nuestro corazón que al aplomo de nuestro cerebro?
Es imposible afirmarlo con rotundidad. En el libro, ‘Inteligencia intuitiva’ (Taurus, 2005) Gladwell afirma que la intuición es, precisamente, esa capacidad de cognición rápida que tiene el cerebro para formarse juicios instantáneos.
No es algo tan precipitado como se cree.
Aunque algunas de nuestras intuiciones son simples pre-sentimientos sin ninguna base, otras derivan de procesos mentales complejos.
También los pálpitos pueden ser vistos como pequeñas mochilas donde se almacenan nuestras experiencias previas, nuestros recuerdos, nuestra personalidad, todos esos recursos de nuestra persona que, en un momento dado, nos ayudan a tomar una decisión.
¿He de casarme con esta persona? ¿Debo dejar este trabajo e iniciar un nuevo negocio?
Si nuestro pálpito es afirmativo no se deberá en absoluto a un acto infundado o irracional, sino a todo un conglomerado de información guardada en nuestro inconsciente (a modo de sofisticada biblioteca) que nos permitirá dar una rápida respuesta, tras una fulminante evaluación.
Entonces, ¿Por qué no hacerle caso?
¿Cómo diferenciar el miedo de la intuición?
Tanto la intuición como el miedo pueden presentarse en forma de una sensación incómoda. Pero, mientras una nos protege, el otro nos limita. ¿Cómo distinguirlos?
Algunas personas son eminentemente lógicas a la hora de tomar decisiones: analizan, sopesan y eligen racionalmente.
Otras, en cambio, se valen de sus emociones y sentimientos para tomar uno u otro camino.
Pese a que hallar un equilibrio entre ambas alternativas es lo ideal, las sensaciones subjetivas a veces pueden jugarnos una mala pasada. Por ello, queremos explicarte cómo diferenciar el miedo de la intuición.
Quienes poseen una inteligencia intuitiva desarrollada recurren a su instinto para tomar decisiones.
Así, suelen cuestionarse: “¿cómo se siente esta opción?, ¿experimento alivio o desasosiego al pensar en escoger esta vía?”.
No cabe duda de que, en muchas ocasiones, la intuición nos protege de peligros poco visibles; pero, ¿y si en realidad la estuviésemos confundiendo con nuestro miedo a arriesgar o con una ansiedad injustificada?
En este caso, estaríamos perdiendo grandes oportunidades.
¿En qué situaciones es importante diferenciar el miedo de la intuición?
Quizá en este instante no comprendas cómo es posible confundir la intuición con el miedo. Por eso, a continuación te mostramos algunos ejemplos cotidianos en los que esta situación puede darse:
Realizas una entrevista de trabajo para un puesto que nunca has ocupado, pero que te ofrece buenas condiciones.
Pasas la prueba y te contratan. No obstante, llegas a casa y comienzas a experimentar una sensación de inquietud, algo te dice que ese empleo no es para ti, que no te irá bien y lo rechazas.
En realidad, ha sido el miedo a salir de tu zona de confort lo que te ha llevado a sabotear la oportunidad.
Te has mudado a otra ciudad donde no conoces a nadie. Un vecino te invita a salir con él y su grupo de amigos, pero tú sientes que no es buena idea, que sería una situación forzada en la que te encontrarían incómodo y declinas la invitación.
Tal vez ha sido la timidez y el miedo al rechazo, y no tu intuición, lo que te ha llevado a optar por esa salida.
¿Cómo diferenciar el miedo de la intuición?
Como ves, el miedo puede ser un gran lastre cuando se confunde con la intuición. Puede limitarnos, estancarnos y llevarnos a tomar malas decisiones que resultan irreversibles.
Entonces, ¿cómo podemos diferenciar el miedo de la intuición?
Piensa si es algo que realmente deseas
La intuición es la voz de nuestro ser interior; por tanto, se encuentra alineada con nuestros propósitos.
Así, cuando hablamos de perseguir sueños, objetivos y metas a futuro, esta voz suele animarnos a seguir adelante.
Por el contrario, el miedo nos paraliza, nos limita y empaña la emoción que sentíamos en un inicio al llenarla de condicionantes.
Si ese nuevo trabajo te motiva, si deseas hacer nuevas amistades y esa sensación interior te boicotea, te impide avanzar hacia el destino que tú mismo has elegido, probablemente sea miedo disfrazado.
Observa la intensidad y la duración de las sensaciones
Esta es una clave fundamental a la hora de diferenciar entre estos dos conceptos.
Y es que la intuición es una voz sutil, pero persistente, mientras que el miedo aparece en oleadas y con una gran intensidad.
Si la sensación de malestar es discreta, pero no cesa, presta atención, puede ser tu instinto tratando de protegerte.
Al contrario, si la angustia te invade y te desborda en un momento dado, seguramente sea temor.
Analiza tu diálogo interno
¿Qué conversación tiene lugar en tu mente en el momento en que aparece esa sensación de alerta?
El miedo es una emoción y, como tal, siempre está precedido por una serie de pensamientos acordes.
Cuando sientes miedo, en tu mente aparecen afirmaciones tales como: “no eres capaz“, “vas a quedar en ridículo”, “es peligroso”, “vas a sufrir”, “no estás preparado”.
Tal vez no las percibas fácilmente, ya que se trata de pensamientos automáticos; pero, si pones atención, verás que están ahí.
En el caso de la intuición, no hay motivos claros que sustenten el malestar, no hay un diálogo interno negativo que la acompañe. Es más una sensación corporal que un discurso mental.
Céntrate en el presente
Por último, analiza en qué tiempo se sitúa ese aspecto negativo del que tus sensaciones te alertan. ¿Se está produciendo ahora?
Entonces, probablemente sea tu intuición. ¿Ocurrieron en el pasado o tendrán lugar en el futuro?
Entonces, seguramente sea miedo.
Si algo no se siente bien en este preciso instante, aunque no puedas explicar por qué, escucha a tu instinto.
En cambio, si lo que te perturba es que algo pueda salir mal más adelante, o que se repita alguna situación negativa que ya experimentaste antes, es la voz del miedo la que te está rigiendo.
Como ves, existen importantes diferencias entre el miedo y la intuición.
Descubrir quién es el que nos habla en cada momento requiere algo de reflexión y análisis.
Sin embargo, cuanto más practiques más sencillo te resultará identificarlo.
Recuerda que la intuición es una poderosa brújula, pero el miedo puede convertirse en un gran enemigo, procura no confundirlos.
Apuesta por tu intuición
“Ten el coraje de hacer lo que dicen tu corazón y tu intuición. Ellos ya saben, de algún modo, en qué quieres convertirte realmente.”
-Steve Jobs-
¿Qué es la intuición?
La intuición se puede definir de muchas formas: capacidad de comprender cosas al instante sin necesidad de utilizar la lógica, capacidad de tomar decisiones rápidas de forma inconsciente, etc.
Cada día, durante toda nuestra vida, tomamos decisiones de forma continua. La psicología social, hasta hace 10 años, sostenía que la toma de decisiones tenía que realizarse de forma consciente y lógica.
Para ello, se nos proponía elaborar largas listas con los argumentos a favor y en contra de cada decisión, de forma que pudiéramos tomar la mejor decisión.
Actualmente, ya tenemos la certeza de que las decisiones tomadas de forma instintiva son válidas, incluso más que las decisiones tomadas de forma lógica y racional.
A lo largo de cada día, tomamos decisiones de forma instintiva y rápida, sin realizar complejos procesos lógicos o matemáticos para elegir. Tomamos un camino para ir a un destino en lugar de otro, compramos una revista en lugar de otra etc.
Si tuviéramos que analizar racionalmente todas las decisiones que tomamos a lo largo del día, sería un caos. Nunca llegaríamos a tiempo a nada y tardaríamos horas en decidir cualquier cosa.
La intuición se define como un sentimiento o sensación que se produce muy rápido en la mente, cuyos motivos desconocemos, pero que nos impulsa a decidir y a actuar.
Por lo tanto, la intuición suele manifestarse con emociones y sensaciones físicas.
Si queremos tomar una decisión, es aconsejable que nos centremos en qué sentimos, qué impacto físico nos produce una decisión u otra.
¿Te sientes bien, te sientes incómodo, te sientes feliz? ¿Qué te hace sentir cada decisión si piensas en ella?
A veces es bueno ignorar parte de la información que tenemos para decidir, y utilizar poca información para ser más rápidos en tomar decisiones eficaces.
Daniel Kahneman, premio Nobel de economía, sostiene en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”, que tenemos dos vías de pensamiento:
– El sistema 1, que es el pensamiento rápido, intuitivo y emocional.
– El sistema 2, que es más lento, requiere más esfuerzo y es más racional y lógico.
El primer sistema proporciona decisiones rápidas y el segundo decisiones conscientes, pero en muchas ocasiones, no sabemos cuál de los dos sistemas hemos utilizado para tomar una decisión.
Pensamiento racional y pensamiento intuitivo
¿Cómo decidimos?
-Henri Poincaré-fundador de la teoría del caos decía:
“Probamos por medio de la lógica, pero descubrimos por medio de la intuición”
El proceso para decidir correctamente no requiere que valoremos una gran cantidad de opciones, sino elegir lo que necesitamos.
Nuestras elecciones se relacionan con una serie de procesos y reglas generales que nuestro cerebro ha ido aprendiendo.
Simplemente debemos elegir la regla adecuada para cada momento.
Por ejemplo, si nos fijamos en la manera de enamorarnos y lo pensamos de forma racional, deberíamos elaborar un listado con todas las opciones, es decir, detallar cada una de las mujeres u hombres, los pros y los contras para cada caso y las consecuencias para nosotros.
Después deberíamos calcular la probabilidad de que suceda lo que nosotros deseamos.
Freud sostenía que: “Cuando tomamos decisiones pequeñas, siempre es ventajoso analizar los pros y los contras.
Sin embargo, en los asuntos vitales, como la elección de la pareja o la profesión, la decisión debe venir del inconsciente, de un lugar recóndito dentro de nosotros.
En las decisiones realmente importantes de la vida, debemos dejar que gobiernen las profundas necesidades de nuestra naturaleza”.
La realidad, es que nos enamoramos basándonos en nuestro instinto, en nuestra intuición.
“En el mar, como en el amor, suele ser mejor seguir una corazonada que obedecer a una biblioteca”
-John R. Hale-
En otras ocasiones, según sostiene el psicólogo Gerd Gigerenzer, tomamos decisiones en base a lo que conocemos.
Por ejemplo, elegimos comprar un libro porque nos lo han recomendado o respondemos a una pregunta con una respuesta porque nos suena la respuesta.
Por lo tanto, en base a lo anterior, se puede decir que poseemos una inteligencia intuitiva.
Este término fue utilizado por el sociólogo canadiense Malcolm Gladwell, que sostiene que tenemos una capacidad para determinar qué es lo más importante en poco tiempo, y a esa capacidad la denominó inteligencia intuitiva.
El problema actualmente es que recibimos demasiada información que nos impide tomar una decisión rápida, por lo que se considera que es mejor no tener muchas opciones para tomar decisiones más acertadas y eficaces.
En realidad, no se trata de razonar, sino de escuchar a nuestro subconsciente y a nuestras emociones.
La inteligencia intuitiva tiene una serie de frenos, por ejemplo:
– El exceso de información.
– El estrés.
– Los prejuicios.
Todos estos frenos deberían ser superados para poder desarrollar adecuadamente nuestra inteligencia intuitiva, de forma que seamos capaces de tomar decisiones en menos tiempo, con mayor eficacia y con menos información.
-Florence Scovel- reconocida como una figura clave en el movimiento del Nuevo Pensamiento y la metafísica dijo:
“La intuición es una facultad espiritual, y no explica, simplemente muestra el camino.”
Tu alma ya sabe el camino
No es duda… es tu alma intentando hablarte.
A veces sientes esa inquietud…como si algo dentro de ti te empujara a cambiar, a soltar, a moverte… aunque no tengas todas las respuestas.
Y lo confundes con miedo.
Pero no…muchas veces no es miedo, es intuición.
Es esa voz suave que no grita…pero que siempre sabe.
Tu alma ya conoce el camino, aunque tu mente quiera controlarlo todo, aunque quieras certezas, garantías, seguridad…La vida no funciona así.
A veces, lo único que necesitas…es confiar lo suficiente para dar el siguiente paso.
Aunque no veas todo el panorama.
Aunque no entiendas el “por qué”.
Aunque te dé vértigo avanzar.
Porque lo que es para ti…no te va a confundir, te va a transformar.
Déjate guiar…por lo que sientes, por lo que vibra contigo,
por eso que no puedes explicar, pero que sabes que es real.
Tal vez no estás perdido…tal vez solo estás aprendiendo a escucharte de verdad.
¿Alguna vez seguiste tu intuición y terminó siendo la mejor decisión de tu vida?
O si hoy estás en duda…¿qué te está diciendo tu corazón en este momento?
Tu historia puede ser la claridad que alguien más está buscando hoy.
Tu alma ya sabe el camino
